El Círculo Infinito
Poema · Miguel Antonio
Nací con visión monocular,
a veces me topo con muros invisibles,
o choco con quienes se acercan demasiado.
Los niños juegan a adivinar
con qué ojo veo.
Me cubro un ojo, ellos hacen señas en el aire,
y fallo, fallo con mi ciego ojo,
y a veces, con el que ve, fallo a propósito.
Así, nunca lo adivinan.
Peatones, ciclistas, conductores,
tan seguros en su prisa y confianza.
No imaginan mi perspectiva monocular al manejar
creen que los veo claros, definidos.
¡Cuidado!
Que desde aquel viernes de octubre
Habemos más monoculares…
Frente al piano intento tocar sin mirar las manos,
pero cuando tengo que hacerlo,
solo puedo elegir:
o miro la mano derecha o miro la izquierda.
Cuando camino con una mujer a mi lado,
ella no entiende por qué a veces soy un caballero,
y otras, no.
Cuando me pongo del lado de la calle, se siente protegida;
pero cuando la dejo al borde, se siente expuesta.
No me juzguéis mal,
solo busco el lado donde puedo verla,
evitando giros dolorosos en mi cuello.
Un día me encontré con ella, una persona con mi misma mirada,
un solo ojo hacia el mundo, el mismo ojo,
y caminamos juntos danzando un círculo infinito,
buscando vernos,
y era perfecto.